A fines de noviembre pasado, la cantautora japonesa Ichiko Aoba debutó en Chile repasando su reciente álbum, Luminescent Creatures, y otros tesoros de su discografía. Así comenzó un viaje hipnótico hacia el interior de su vasto océano sonoro.
Bajo la luz cobriza de una lámpara antigua, el escenario se dispuso como un santuario íntimo, evocando una habitación suspendida en el vacío. Allí, Ichiko Aoba se abría paso hacia la tarima por un sendero de conchitas para desplegar los primeros compases de Space Orphans, una canción de acordes arpegiados que resonaban como un eco de estrellas fugaces.
Antes de uzuki no oborouta, la cantante sorprendió saludando en español: “Estoy muy feliz de poder cantar para ustedes”. Un gesto breve y algo tímido, que fue recibido con tierna ovación. A estas alturas, el setlist demostraba ser diferente al día anterior y el repertorio continuaba su giro hacia el pasado, rescatando cortes como terifuriame, ikinokori●bokura, IMPERIAL SMOKE TOWN y Mars 2027. Este tramo nostálgico se vivió como una recompensa para los fans chilenos, por permitir la realización de una segunda función tras el sold-out del primer día.
Sin abandonar la dupla guitarra-teclado, Ichiko Aoba encontró en la austeridad instrumental el espacio perfecto para revelar los matices de su voz, que sostenía por sí misma el peso emocional de cada verso. El público respondía ante la entrega con un silencio ceremonial, como si temiera romper la atmósfera, y solo se permitía aplaudir cuando la última nota terminaba de reverberar en el aire.
Con un silbido que simbolizaba el viento comenzó Wakusei no Namida, una emotiva canción de delicados arpegios que la misma Ichiko Aoba ha descrito como un intento por emular el canto de las ballenas, sonoridad que se hace presente en el momento en que la melodía se hunde hacia frecuencias prácticamente inaudibles. Sin quebrar el trance, los primeros compases de SONAR terminaron por envolver a la sala en una quietud sobrecogedora.
Uno de los pasajes más oníricos de la noche llegó con Asleep Among Endives, que inicia con los versos “Sekai no, fuchi de…”, una canción de cuna que nos transporta a un paisaje perfectamente familiar para nosotros en Chile, pues nos sitúa “al fin del mundo para escuchar el susurro de las estrellas”.
El momento de cercanía continuó con el cover en español a Silvana Estrada, “Más o menos antes”, abriendo paso a los arpegios de Tsuki no Oka, que aceleraron sutilmente el compás. Esta escalada rítmica preparó el terreno para el cierre del set principal con la aclamada kikaijikake no uchuu, una brillante composición de inspiración flamenca que, con su intrincada interpretación, dejó a todo el recinto sumido en un estado de asombro.
El encore comenzó con el gesto más honesto de la noche: la cantante se alejó del micrófono para interpretar amuletum completamente a capella, dejando que su voz desnuda llegara hasta el fondo de la sala. Luego pasó de puntillas por la liviandad juguetona de SAYONARA PENGUIN, antes de cerrar con la emotiva bouquet.
Cuando muchos shows buscan la espectacularidad mediante puestas en escena grandilocuentes, Ichiko Aoba nos demuestra el valor de la simpleza, y cómo esta también puede ser una forma de contundencia, que seguramente será vívidamente recordada por todos quienes presenciaron este viaje por el inmenso océano musical de su obra.
Tras lo vivido esta noche, el recuerdo de Violeta Parra se me hizo presente. Ambas cantautoras, separadas por el tiempo y la geografía, comparten un mismo linaje dentro del folk: el de recorrer el mundo con una guitarra de madera como único equipaje, transformando los paisajes de sus tierras de origen en versos que trascienden idiomas y fronteras.
Setlist
- Space Orphans
- uzuki no oborouta
- terifuriame (The Rain from Light and Shadow)
- ikinokori●bokura
- IMPERIAL SMOKE TOWN
- Mars 2027
- Wakusei no Namida
- SONAR
- Asleep Among Endives
- Más o menos antes (cover de Silvana Estrada)
- Tsuki no Oka (A Hill of the Moon)
- kikaijikake no uchuu
Encore
- amuletum
- SAYONARA PENGUIN
- bouquet